La Familia de San Chárbel en los EE. UU.
Se mantenían constantes en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en la fracción del pan y en las oraciones.
Hechos 2:42

El Poder del Amor Divino
La serie El Poder del Amor Divino presenta testimonios de sanaciones milagrosas vividas por personas no bautizadas a través de la intercesión de San Chárbel, narrados en primera persona y, en algunos casos, acompañados por los testimonios de sus familiares. La serie es producida en el Líbano por Naanouh en nombre de la Familia de San Chárbel en los EE. UU.
Maya Al-Harakeh – Joven musulmana chiíta sanada por la intercesión de San Chárbel
La Familia de San Chárbel en los EE.UU. presenta la sanación milagrosa de Maya Al-Harakeh, una joven musulmana chiíta, quien fue curada por la intercesión de San Chárbel. Este video está en árabe con subtítulos en español.
Este video presenta sus encuentros con San Chárbel en su juventud, incluso su detallado testimonio de sanación por su intercesión, una aparición de San Chárbel y el fortalecimiento de su relación con el santo, narrados por Maya y por su madre.
Biografía de San Chárbel

33.000
Milagros
Hasta la fecha se han anotado más de 33.000 milagros de sanidad en los registros del monasterio de San Marón-Annaya. Además hay incontables miles de milagros reportados en el Líbano y en otros países que no figuran en estos registros.

Testimonios
Testimonios escritos de personas que fueron sanadas por intercesión de San Chárbel.

Oraciones
San Chárbel es un gran intercesor que forja una verdadera relación con aquellos que piden su intervención mediante fe y oración. Muchas veces esto trae milagros mediante la voluntad de Dios.

Experiencias de Raimundo Náder con San Chárbel
En la noche del 10 de noviembre de 1994, Raimundo estaba rezando en el frío, al aire libre delante del eremitorio de San Chárbel. Durante su oración, recibió una nueva experiencia del amor paternal y el cuidado de Dios. Esta experiencia mística duró cuatro horas.
“Cerca de la estatua de San Chárbel, noté algo caliente en mi brazo izquierdo. Llegué al automóvil, me quité el suéter y al subirme la manga vi [la huella de] cinco dedos en mi antebrazo. Estaban grabados como una mano sobre mi brazo y los rodeaba un resplandor rojo como si hubiesen sido impresos a través del fuego.”




